Actualizado: Miércoles, 10 junio 2026
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La Plata
La Argentina inflacionaria
La Argentina ha sido un país que desde siempre ha convivido con índices inflacionarios que condicionaron el presente y el futuro de la economía local. Por qué la inflación ha sido un problema permanente en la historia nacional y los problemas que acarrea los índices "Morenizados" que da a conocer mensualmente el Indec
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Uno de los temas que siempre ha causado honda preocupación en todos los argentinos, ha sido las distintas sacudidas que ha tenido la inflación a lo largo de nuestra historia, que ha convertido a este índice en algo fundamental para la vida diaria de millones de argentinos, que sufren enormemente cada punto más que se tiene en el mismo.
 
Los problemas políticos que ha tenido nuestro país a lo largo de la historia han influido en que la inflación tuviera épocas en donde se disparara por las nubes con alto nivel de incertidumbre, y otras en la que estuviera controlada, donde la previsibilidad era lo que reinaba y se podía pensar en una Argentina a largo plazo.
 
En estos tiempos, con números del Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) totalmente cuestionados, la inflación ha vuelto a ser uno de los problemas centrales para los argentinos, que temen una nueva estampida inflacionaria en el futuro cercano, que mine aún más las posibilidades de crecimiento de las familias argentinas.
 
Breve historia de la inflación en la Argentina
 
La Argentina como país no tuvo problemas reales de inflación hasta mediados del siglo XX, ya que hasta el momento la tasa de inflación promediaba anualmente un 2%, pero los distintos escenarios políticos que atravesó nuestro país a partir de la llegada de Juan Domingo Perón al poder, hizo que la misma se disparara, ya que el creciente proceso de sustitución de importaciones, armaron una fuerte clase media en la Argentina con un alto nivel de consumo, que hizo elevar los precios ante la gran demanda que había por parte de la población.
 
Desde la llegada de Juan Domingo Perón al poder en 1946 hasta el fin de la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse en 1973, el promedio anual de inflación fue del 29%. Pero el proceso de inflación moderadamente controlada pasó a ser historia en el período que abarca de 1973 a 1988, donde el promedio anual de inflación pasó a ser del 150%.
 
Pero la inflación se hizo totalmente incontrolable en los años 1989-1990, cuando la hiperinflación galopante que acosaba a la Argentina, hizo que el promedio anual inflacionario trepara al 3133,75% en esos dos años, donde se vivió el período inflacionario más fuerte que ha tenido nuestro país hasta estos momentos. Luego, con el Plan de Convertibilidad se logró un retroceso de la inflación, que volvió a sumirse en períodos de crisis con la salida de la misma del año 2002, y que hasta el momento parece controlada, más allá de los números cuestionados del Indec manejado por el Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
 
El proceso de desindustrialización que empezó a vivir la Argentina con la última dictadura militar a partir de 1976, hizo que la inflación creciera a grandes niveles, con la famosa tablita de Martínez de Hoz, con la consiguiente y paulatina destrucción de la economía nacional. La llegada de la democracia en 1983 trajo nuevos aires de libertad a la Argentina, pero la política económica de Raúl Alfonsín no logró dar pié con bola, y el proceso hiperinflacionario se hizo patente en la realidad nacional.
Sólo en los comienzos del Plan Austral en 1986 la inflación dio un pequeño desahogo, pero luego se disparó fuertemente, sin que los Planes Primavera lanzados por el entonces ministro de Economía Juan Vital Sourrille, lograran resultado alguno para pararla. La hiperinflación, con los saqueos a supermercados y la inestabilidad social que vivía el país, hicieron que Alfonsín dejara el mando antes de tiempo al peronista Carlos Saúl Menem.
 
El riojano, había cumplido con el sueño de su vida de llegar a la presidencia de la Nación, pero no daba en la tecla de los problemas, ya que durante casi 20 meses, con Menem se siguió embarcados en la hiperinflación, con picos galopantes, aunque con menos intranquilidad social. Primero Miguel Ángel Roig, luego Néstor Mario Rapanelli, y después Antonio Erman González, no pudieron poner fin al período inflacionario, lo que hizo que un "Chicago boy", como el cordobés Domingo Felipe Cavallo, quien se desempeñaba por entonces como canciller menemista, pasara a ocupar el ministerio de Economía de la Nación.
 
Con Cavallo al mando de la economía argentina, el gobierno lanzó en Abril del ’01, el Plan de Convertibilidad, que logró un rápido descenso de la tasa de inflación, aunque el costo social que traía detrás de sí este plan, fue muy grande, dejando a una enorme parte de la población, sumergida en la pobreza y la desesperanza.
 
Con el aumento de la desocupación a niveles históricos, trepando a casi el 22% al final del siglo XX, la conflictividad social no tardó en reaparecer, y las medidas destinadas para redistribuir el ingreso, como el sistemático plan de privatizaciones lanzados por el menemismo, no dieron el resultado esperado, y en la Argentina volvió a haber ricos cada vez más ricos, y pobres cada vez más pobres.
 
La convertibilidad, que dictaba que un peso valía igual que un dólar, hizo creer a una buena parte de los argentinos, que el tan proclamado ingreso al primer mundo que decía Menem a los cuatros vientos en todos sus discursos, se hacía realidad, ya que el país crecía a niveles anuales muy grandes y la inflación, uno de los karmas argentinos y por los cuales los ciudadanos le dieron el triunfo al riojano en el ’89, se había logrado detener para dar paso a la estabilidad económica.
 
La salida de Menem del poder y su reemplazo por Fernando de la Rúa con la Alianza entre el Frepaso y la UCR, trajo que la sociedad tuviera esperanzas de renovación y de cambio, y que el escenario de la corrupción que cubrió al menemismo, fuera dejado de lado dando paso a la transparencia. Pero los constantes ajustes y la salida de Chacho Álvarez de la vicepresidencia, más el severo plan de ajuste que quiso implementar Ricardo López Murphy en el 2001 en su breve paso por el ministerio de Economía, hizo que De la Rúa reculara y llamara a Cavallo para que intentara solucionar el problema que él mismo había comenzado 10 años atrás.
 
La historia de Cavallo en su segundo paso por el Ministerio de Economía es conocida por todos, con el corralito financiero, los fondos de los ahorristas incautados por los bancos, tremenda y severa crisis social a lo largo y lo ancho del país, que llevó a que De la Rúa se fuera en helicóptero de la Casa Rosada y Cavallo vapuleado por todos los argentinos, y el país viviera una gran crisis política que lo llevó a tener cinco presidentes en 10 días, lo que mantuvo en vilo no sólo a nuestro país, sino también al mundo que comenzó a descreer en la Argentina para dar solución a sus problemas.
 
La salida de la convertibilidad y la devaluación propuesta por Eduardo Duhalde y su ministro Jorge Remes Lenicov, hizo que en la Argentina se temiera por un nuevo proceso hiperinflacionario, debido sobre todo a la constante subida que tenía el dólar en esos tiempos, que llevó a la divisa por encima de los 4 pesos a mediados del 2002.
 
Pero los pronósticos agoreros de muchos economistas, entre ellos muchos de los que habían defendido a capa y espada la convertibilidad, se dieron contra la pared al ver que la economía nacional se recuperaba gradualmente sin la ayuda de afuera y sin que las crisis tan promocionadas desde algunos ámbitos políticos y económicos se convirtieran en realidad.
 
Se fue Duhalde y asumió Néstor Kirchner la primera magistratura de la Nación, pero el ministro de economía seguía siendo el mismo, Roberto Lavagna, quien llevó adelante un proceso de crecimiento económico, que originó que el país tuviera un período de baja inflación con fuerte crecimiento a un ritmo superior al 8 por ciento anual.
 
Pero el quinquenio del 2003-2007 quedó atrás, y el veranito económico vivido por la Argentino, dio paso a un proceso de desaceleración de su economía, que sumado a una caída en los precios internacionales de las commodities y la crisis financiera internacional, han debilitado a la economía nacional con respecto a su situación en el mundo.
 
La inflación aparece controlada por el gobierno, pero todo ello se debe en base a la fuerte injerencia que tiene el gobierno kirchnerista sobre la implementación de los métodos para medir el índice inflacionario, lo que ha originado una fuerte polémica, no sólo con los trabajadores del Indec, sino también con el mundo que ha dejado de creer en las estadísticas argentinas, y con la gente común, que no cree en los índices del Indec y ven que los precios en los supermercados aumentan día a día, sin que eso se vea reflejado mensualmente por el organismo estatal.
 
Otro dato preocupante es la inflación real, muy diferente de la inflación oficial, y por más que el gobierno "dibuje" los datos oficiales de la mano del Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, la realidad es que tanto la gente común como los empresarios que deben hacer negocios, se mueven con la inflación que se palpa en las calles y no con lo que el gobierno insiste en mostrar como números oficiales. A pesar de los reclamos de trabajadores del Indec y de la gente en su conjunto, el gobierno hace oídos sordos a los reclamos por un cambio de metodología en el organismo oficial y defiende a rajatabla lo hecho por su fiel funcionario.
 
Son las pequeñas acciones lo que ha comenzado a alarmar a las autoridades económicas nacionales, ya que son las que marcan una situación que el gobierno quiere ocultar y no puede a pesar de sus denodados esfuerzos por hacerlo. La gente en la Argentina está consumiendo menos, y eso en un mercado al cual se le han cerrado muchas puertas en el mundo debido a la interminable pelea que tiene el Ejecutivo con el sector agropecuario y a la falta de dinero que tiene la población como consecuencia de la escalada inflacionaria, ha puesto a la Argentina en una encrucijada, de la cual los responsables económicos por ahora no saben como salir.
 
Los precios aumentan día a día y el Indec de Guillermo Moreno no registra ninguno de los aumentos que se producen, y "dibuja" un número irreal que en nada se acerca a la realidad que viven los consumidores en los supermercados. Eso se suma a os aumentos constantes que se sufren en otros rubros, como es en los servicios públicos, el transporte, los alquileres, las expensas, los restaurantes, etc, que hacen que la gente cada vez destine menos dinero al consumo y se retraiga a consumir lo menos indispensable para su subsistencia.
 
Con las estadísticas oficiales "morenizadas" será muy difícil para la Argentina recuperar el prestigio perdido en el mundo, ya que las inversiones seguirán pasando de lado por nuestro país, privilegiando a países como Brasil, Uruguay, Chile o Perú, donde hay números oficiales confiables y no los "dibujados" por el gobierno nacional desde que dictó la intervención del organismo público allá por el año 2007, perdiendo el mismo la credibilidad que había gozado a lo largo de toda su historia, que ni siquiera la feroz dictadura que se vivió en nuestro país entre 1976 y 1983 había podido tocar.
 
A lo largo de toda su historia, la Argentina ha sufrido distintos vaivenes en sus índices inflacionarios, que han repercutido aunque sus autoridades no quisieran, en la situación política y social del país. En la actualidad, todos los sondeos de opinión efectuados, remarcan que la inflación, para los argentinos es uno de los temas que más los preocupan, estando entre los tres primeros lugares, lo que deja en claro que
 
Una situación más que compleja por la que atraviesa la Argentina de hoy en el mundo, con un contexto económico más que negativo para nuestro país y con números paupérrimos que no hacen más que dejar en absoluta evidencia la inacción gubernamental en este sentido, sin que el Ejecutivo todavía se dé cuenta de la gravedad extrema de esta situación, y piense más en el acto eleccionario del mes de junio, que en el bienestar de todos los argentinos.
 
 
 
 
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la inflación ha vuelto a ser uno de las dificultades medulares para los argentinos, que no quieren que se produzca una nueva corrida inflacionaria que haga sumergir a nuestro país en una de sus tantas crisis a las que los argentinos ya parecen haberse acostumbrado.
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