
La Argentina del pasado al que nadie quiere volver, parece querer resurgir una y otra vez de las cenizas. Los métodos del terror usados durante la última dictadura militar, se siguen utilizando en democracia, sin que la clase dirigente haga nada por detenerla.
El 31 de enero de 2009, Luciano Nahuel Arruga, de 16 años de edad, iba caminando con destino a la casa de su hermana, en Lomas del Mirador, cuando fuerzas policiales se lo llevaron de la calle, y hasta el día no hay novedades sobre su paradero.
En el día de ayer, cientos de familiares y amigos de Luciano Arruga se reunieron en Lomas del Mirador para rebautizar, en conmemoración del cumpleaños número 18 de Luciano, a la plaza del barrio como “Plaza Luciano Arruga”. En esta plaza, ubicada a una cuadra de su casa, Luciano fue secuestrado por personal del Destacamento Policial de Lomas del Mirador. Este lugar tan significativo, hoy está lleno de color.
Luciano es un chico que carboneaba para ganarse la vida y vivía en el Barrio 12 de Octubre, un asentamiento de Lomas del Mirador conocido como la “Villa de los Paraguayos”. En el 2008 había sido detenido dos veces por la policía acusado de distintas causas, en las cuales fue golpeado cruelmente por el personal policial, aunque la familia por temor y miedo a las consecuencias, no hizo en ninguno de los dos casos la denuncia.
La hermana de Luciano, Vanesa Orieta, una estudiante de Ciencias Sociales, es quien está al mando de toda la lucha para saber qué es lo que realmente le sucedió a su hermano y donde se encuentra en realidad, y desde el instante mismo de su desaparición, Vanesa sospechó de la delegación policial del barrio, pues en reiteradas ocasiones, policías de este lugar habían amenazado a su hermano con frases como: “negrito de mierda a vos te vamos a cargar”, o, “vas a terminar con un tiro en el pecho” (mientras le apoyaban un arma en esa zona del cuerpo).
Esta clase de hechos, que son muy comunes en los barrios pobres y postergados del conurbano bonaerense, lo tienen que vivir día a día aquellos que no han tenido la suerte de otros de nacer en mejores condiciones sociales, y sufren la pobreza extrema.
La familia, además de presentar la denuncia para que buscaran a Luciano, realizó una campaña con afiches difundiendo su búsqueda, y se presentó en reiteradas oportunidades a la fiscalía aportando datos sobre la línea de investigación que hiciera foco en la delegación.
Inmediatamente sucedido el hecho, un chico del barrio se quebró y le contó a la familia lo que sabía: este chico, se encontró con un compañero del secundario quien le contó que había estado detenido en la delegación junto a Luciano y que ambos habían sido reventados a palos. Este chico lo vio a Luciano, aparentemente muerto en la delegación, y por ello se encontraba realmente asustado. Este testimonio fue incorporado a la causa, y la Fiscalía General le retiró la causa a la primera fiscalía que había actuado.
Algunos datos más reafirman la hipótesis de la responsabilidad policial en la desaparición forzada de Luciano. La primera denuncia por la desaparición de Luciano la realiza su madre y los policías se negaron a darle una copia, cuando Vanesa fue a reclamar esta copia, los policías se demoraron en dársela, y la que le dieron tenía la hora en que ella lo fue a buscar y no la hora en que se había producido la denuncia. Además ese día la familia pudo ver como la delegación estaba siendo limpiada y constataron el fuerte olor a lavandina que había.
Las pericias que se efectuaron sobre los libros de guardia del Destacamento de Lomas del Mirador demuestran que se cometieron graves irregularidades, con tachaduras, enmiendas y borrones de nombres, sobre los que nadie dio explicaciones. A partir de estos datos aparece con claridad que se cometieron detenciones irregulares como las de Luciano.
Desde hace 13 meses la familia viene pidiendo justicia, pero la realidad marca que los autores del hecho y sus cómplices no se quedaron quietos, y que ha habido testigos que han sufrido el accionar policial en sus personas, como por ejemplo el caso de Anabella Martínez, quien fue detenida el pasado mes de noviembre, donde en el interior de una comisaría fue golpeada, manoseada y hasta le pidieron plata y sexo a cambio de la libertad, según consta en la denuncia por "lesiones, intento de coacción y abuso por parte del personal policial" que realizó ante la Justicia.
Pero este no fue el único caso de la violencia policial hacia los testigos o aquellos que piden justicia por Luciano, ya que los miembros de la Coordinadora por la Aparición con Vida de Luciano Arruga, Norma Sotelo y Juan Tévez, son amenazados constantemente por teléfono, donde se les pone ni bien contestan la marcha fúnebre y otro tipo de improperios por pedir justicia “por un negrito de mierda”.
Además, durante todo este tiempo se vio como desde el propio Estado se han hecho acciones donde los posibles responsables del suceso han quedado libres de culpa, ya que por ejemplo el año pasado la Auditoría General de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad bonaerense le tomó declaración a 25 efectivos del Destacamento de Lomas del Mirador para continuar la investigación, pero no adoptó ningún tipo de sanciones, ni siquiera transitorias. En consecuencia, todos los policías continúan en actividad y sobre ellos no pesa imputación alguna.
El caso de Luciano, se suma a los ya familiares nombres de Walter Bulacio, Roberto Hernán Cedale, Andrea Viera, Claudio “Pocho” Lepratti, Damián Barzabal, Darío Santillán, Maximiliano Kosteki, Miguel Brú, Jorge Julio López, todos los muertos del 19 y 20 de diciembre del 2001, Javier Rojas Pérez, Rodrigo Corzo, Diego Lucena, Walter Coronel, Sonia Colman, Lucas Cardozo, Mabel Guerra, Héctor Coria, Rubén Darío Galarza, Carlos Ávalos, Sergio Guzmán, Sebastián Bordón, Agustín Antonio Olivera, Roberto Antonio Argañaraz, entre tantos otros nombres que completan una lista interminable de víctimas del gatillo fácil y la represión del personal de las fuerzas de seguridad.
A pesar de todo lo dicho con anterioridad y el aumento del gatillo fácil y la impunidad policial, en los últimos meses hemos acudido como sociedad a los pedidos de un sector de la misma de una mayor mano dura para los jóvenes que delinquen, pidiendo a los gritos la baja en la edad de imputabilidad y la construcción de cárceles para menores. Estos sectores reaccionarios que parecen vivir en un país diferente, donde la miseria, el hambre, la exclusión social y la marginación no existen ante sus ojos, salen a pedir “bala” y mano dura para los chicos, sin caer en cuenta que sin un cambio profundo como sociedad, esto será un tema difícil de solucionar.
Si quienes son los dueños de la droga, de la prostitución, del juego ilegal, del contrabando, el secuestro, el robo, la vida y la muerte, etc, tienen amplios lazos con las fuerzas de seguridad y los políticos de diferentes partidos, el mismo será algo que no tiene una solución inmediata, y menos si se quiere solucionar el mismo con mayor mano dura.
Mientras en el país se continúe atacando las consecuencias de años de decadencia, en vez de las causas de las mismas, la Argentina parece no tener un futuro cargado de certidumbre y confiabilidad. Si desde la Justicia y el poder político, se fomenta la impunidad para los que cometen delitos de gatillo fácil en las fuerzas de seguridad, el mismo seguirá creciendo, ya que ante la inmunidad que se les da desde el poder, los violentos ganan terreno y la sociedad vive sumergida en el miedo, la injusticia y la desesperanza.
El caso de la desaparición de Luciano Arruga, es sin duda un caso testigo del mal accionar policial y de la inacción por parte de las autoridades estatales responsables de investigar dicha desaparición, ya que en vez de seguir las pistas que giran alrededor de las torturas y vejaciones que se le cometieron a Luciano en terreno policial, se encarga de tratar de despegar a ese mismo personal que como hemos visto, todo apunta a que sean los responsables del hecho.
Un hecho significativo que comienza a tomar difusión, y que a días de cumplirse 34 años del inicio de la dictadura más feroz y sangrienta que vivió América Latina, es hora de que la Justicia se haga cargo de la investigación, y dé detalles ciertos del paradero de Luciano y qué es lo que le pasó, para que la impunidad no se vuelva a hacer presente en nuestro país, y la libertad y la Justicia reinen en la Argentina.
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