
En el apogeo de su poder, Carlos Menem sufrió un episodio cardiovascular casi idéntico al que ayer llevó a Néstor Kirchner al quirófano: una repentina obstrucción de la arteria carótida derecha.
Después de una operación de dos horas y un par de días de reposo, Menem volvió a su actividad normal. Tenía entonces 63 años, cuatro más que Kirchner, y atravesaba un momento exitoso. Fue en octubre de 1993, diez días después de las elecciones legislativas en las que el justicialismo aventajó a la UCR por unos diez puntos en todo el país, ganó en casi todas las provincias y consiguió lo impensable: el triunfo de Erman González en la Capital Federal.
Dos días después de aquellas elecciones, Menem había cumplido con la recomendación de su médico, Alejandro Tfeli, y se había hecho un chequeo general. Tan buenos habían sido los resultados que cuando en la mañana del jueves siguiente terminó de jugar al golf y sintió "algo raro", no se preocupó.
El escenario también fue el mismo: la quinta de Olivos. Además, tanto uno como otro se dieron cuenta de que había un problema por un fuerte dolor de brazo.
A las 12.30 del 14 de octubre Menem llegaba al Instituto Cardiovascular Buenos Aires con sus hijos y, sonriente, decía que estaba perfecto. No en vano una de sus frases de cabecera era "nadie muere en la víspera". A las 19 le abrían la carótida. Entre quienes desfilaron por la clínica ese día estaban Zulema Yoma, Domingo Cavallo, Armando Gostanian, Francisco Macri y el Soldado Chamamé.
Aquella operación, que duró dos horas, fue muy parecida a la de Kirchner.
Todas estas coincidencias fueron advertidas ayer por la oposición. Casi todos por lo bajo, pero algunos públicamente, aprovecharon el guiño. "Se parece tanto a Menem que lo tuvieron que operar de lo mismo", dijo Margarita Stolblizer, que de inmediato mitigó el comentario con un deseo de pronta recuperación.
Fuente: Diario La Nación