
Desde el último trimestre de 2009, cuando la actividad económica y, en especial, el consumo comenzaron a revertir su tendencia negativa observada en la primera mitad de año, el comportamiento de los precios volvió a estar en la agenda. Esto tiene su explicación en que el proceso de desaceleración de la inflación que se había observado en la primera parte de 2009 no tuvo buen final en el cierre del año. Los precios volvieron a acelerarse.
La situación nos obliga a preguntarnos qué puede pasar con la inflación. Más allá de buscar una respuesta numérica es necesario intentar enumerar los diferentes factores que determinan el comportamiento al alza o a la baja de los precios. Y para entender es importante establecer una comparación de esas variables con respecto a la primera parte de 2009. Escenificando el inicio del año pasado podemos enumerar lo siguiente. En el mundo, la caída del precio de las commodities tanto industriales, energéticas como alimenticias, relajaron las presiones sobre muchos precios. En el ámbito local, la salida de capitales empujó a que la política monetaria sea contractiva tanto por baja emisión monetaria como por el alza en las tasas de interés. A su vez, el mercado laboral dejó de estar sobredemandado a expulsar trabajadores por lo que, en conjunción con la mayor incertidumbre económica y política, redujo la presión de la demanda tanto interna como internacional. Por último, fue la política fiscal la única que no tuvo un rol antiinflacionario.
En ese sentido, es importante comenzar a delinear cómo se comportarán las variables y la política en 2010 de cara a la inflación. En primer lugar, el mundo comenzó la etapa expansiva del ciclo lo que implica que el valor de las commodities industriales (insumo de la producción), de los alimentos y de la energía volverá a ser un factor de presión. En el plano local, la política económica, que desempeñó un papel crucial durante 2007 en la suba de los precios, volverá a tener importancia en materia inflacionaria. Con una merma en la dolarización de fondo, el BCRA podrá inyectar pesos en la economía y brindar al mercado toda la liquidez requerida, por lo que los agregados monetarios volverían a convalidar tasas de inflación de dos dígitos.
Por otro lado, la política fiscal no presentará cambios en su comportamiento como tampoco lo hizo a lo largo de 2009, se continuará con la reducción del superávit fiscal. La potencial apertura al financiamiento internacional y la intención de crear el Fondo del Bicentenario, son una señal clara de que el Gobierno no considera volver a tener superávit primarios superiores al 2% del PIB.
Por suerte para el Gobierno, el mundo dio una mano y frenó en seco las expectativas devaluatorias de la moneda local. Luego de un ajuste del 20% en el precio del dólar en el año y con un escenario de devaluación muy por debajo del esperado (que se condice con el sostenimiento de un tipo de cambio real “competitivo”), parece que la divisa de Estados Unidos no interferirá de ninguna manera en materia inflacionaria.
Sin embargo, los costos laborales sí volverán a presionar a lo largo de 2010. Luego de que los salarios mostrasen una desaceleración del ritmo de crecimiento a causa de la crisis internacional se espera que los sindicatos vuelvan a la carga este año. Por otro lado, los indicadores de costos que presenta el INDEC –el ICC y el IPIM– ya muestran una tendencia al alza. Pese a que los indicadores del INDEC comienzan a reflejar muy lentamente la realidad, la falta de una brújula en materia de precios afecta en gran medida las expectativas de inflación del sector privado, que continúa por encima del 20% y asegura otro año más de expansión de precios de dos dígitos.
Con un margen acotado de crecimiento para la capacidad instalada, y una política monetaria y fiscal totalmente avocadas a retroalimentar la recuperación económica, está claro que la evolución de la demanda interna, tarde o temprano, volverá levantar polvareda en materia inflacionaria.
Por último, y algo no menos importante es que los agentes económicos se están acostumbrando a vivir con niveles de inflación de dos dígitos, ya se cumplieron 5 años con inflación en torno al 10% o por arriba. Esto genera sistemas crónicos de indexación y más aún en un país con el pasado inflacionario como la Argentina.
Es obvio que, dadas las señales para 2010, nos encaminamos a un nuevo año con inflación más cercana al 18% que a un dígito. Ya está comprobado que con los acuerdos no se puede luchar contra la inflación en el mediano y largo plazo. La incógnita es cuál será la postura del Gobierno Nacional frente a esta creciente problemática inflacionaria. Por las señales de política económica, no parece que se esté gestando ningún cambio con respecto a años anteriores.
Fuente: Mariano Lamothe. El Economista.