14/11/2018 - 09:22hs.
La pelea Iglesia - Gobierno: Guerra Santa
La Iglesia le declara la guerra al Gobierno. La renuncia a los aportes del Estado está en un punto de no retorno. Las consecuencias de una pelea que pone en jaque al oficialismo y que recién comienza
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En el Gobierno nacional son directos y llanos. “Francisco no nos quiere, y eso no va a cambiar”, sentencian; a la vez que ven al Papa como “jefe del PJ”. En el gobierno bonaerense evitan la confrontación pública y justifican las críticas de la Iglesia. “La situación (socioeconómica) no es buena, no esperemos que digan otra cosa”, respondió a La Tecla un funcionario de María Eugenia Vidal. 

Desde el clero, en tanto, las críticas por los problemas sociales son duras y permanentes. En el Vaticano, en tanto, se mueven hilos para que la política argentina encuentre respuestas desde la oposición para vencer a Mauricio Macri en las elecciones del año próximo. No importa quién sea, sino que importa el objetivo de terminar con un gobierno al que la Iglesia considera liberal e insensible.

Sin vueltas, Víctor “Tucho” Fernández, arzobispo de La Plata y uno de los más cercanos a Jorge Bergoglio, le declaró públicamente la guerra al neoliberalismo al decir que “los obispos actuales hablamos muy poco sobre los problemas sociales, y cuando lo hacemos es con timidez o con miedo. Dudo que alguien se haga cura para defender la macroeconomía liberal”. 

En la línea dura y de directo contacto con el Papa se enrolan además los obispos Oscar Ojea (San Isidro), presidente de la Conferencia Episcopal, y Jorge Lugones (Lomas de Zamora), titular de la Pastoral Social, entre otros.

Mientras en las homilías, misas y reuniones, los eclesiásticos pasan factura por los problemas económicos que aquejan a los humildes (críticas que se potenciaron en 
la discusión por la ley del aborto legal), se arma un eje político monitoreado desde el Vaticano. Francisco no necesita intermediarios para hablar con Gustavo Vera, Juan Grabois o Eduardo Valdés.

Desde La Alameda, organización social creada por Vera, confirmaron a La Tecla que se trabaja en conjunto “con diversos sectores del peronismo y el sindicalismo en la conformación de un gran frente opositor para poder vencer al gobierno de Macri en las urnas el próximo año”. A título de la Multisectorial 21F, el armado ya cuenta con unas mil organizaciones sociales, partidos y sindicatos. El objetivo final es sumar a todas las expresiones del PJ y, sin dispersiones, conformar un colectivo amplio que aparezca como la única opción contra Cambiemos. De derecha a izquierda, todas las corrientes del campo popular son bienvenidas.

“En los ríos subterráneos de la patria se está construyendo la unidad. Estamos trabajando con todas las alas del peronismo y sindicatos que no se veían la cara hace un montón de tiempo”, señaló Gustavo Vera. A mediados de año, el dirigente llegó a Austria para participar del coloquio “Etica en la Acción para el Desarrollo Sostenible e Integral”, que articula la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano, y que encabezó Marcelo Sánchez Sorondo. Fue la piedra basal de la Multisectorial 21F.

El mandato del Papa Francisco aparece como el mejor motivo para que, de una vez por todas, el peronismo trabaje en un camino que sus dirigentes por sí solos no logran encontrar. Y quien no esté en esa senda quedaría del lado del Gobierno, o funcional a él. En la Casa Rosada lo saben, y advierten en ello la maniobra más peligrosa para los deseos de continuidad de Cambiemos, que por ahora apuesta todo a las grietas, tanto la de Macri vs. Cristina, como la que opera dentro de la propia oposición entre kirchneristas y antikirchneristas.

“Hay un ataque permanente de la Iglesia hacia el Gobierno, no nos quieren. Alguna parte de la Iglesia ha dado una demostración explícita de eso, como lo que sucedió en Luján”, se quejan cerca del Presidente. La misa encabezada por Agustín Radrizzani con Hugo Moyano y dirigentes del PJ como invitados VIP fue el broche para confirmar que la relación “está rota”, más allá de los canales de diálogo que siguen vigentes, y que se utilizan más para separar las aguas que para unificar criterios. Es el caso de los aportes que el Estado hace a la Iglesia, y que los propios curas están dispuestos a resignar “para separar definitivamente Iglesia y Estado”.

La relación Macri - Vaticano viene mal barajada desde la asunción del primer mandatario, pero se agravó ostensiblemente este año. La discusión por el aborto legal puso de punto a la institución ca-tólica, que en paralelo criticó con firmeza la iniciativa y reclamó contención social por el desastre que hizo en las clases bajas la macroeconomía. 

También, un punto de inflexión fue en marzo, cuando el jefe de Gabinete, Marcos Peña, expuso en la Cámara de Diputados el dinero destinado al credo oficial, con los sueldos percibidos por los sacerdotes. Vieron en la Iglesia una intención adrede de mostrar algo hasta allí oculto, que rápidamente generó un debate entre los anticlericales. Además, la Iglesia ve la mano del Gobierno en los ataques realizados contra el Papa en redes sociales y en la prensa afín a Cambiemos.

Marcos Peña y Jaime Durán Barba, los hombres en los que más confía Macri, han dicho barbaridades del clero y, fundamentalmente, de Francisco; y son quienes empujaron la discusión por el aborto. El secretario de Culto de la Nación, Alfredo Adriani, responde a Peña y no tiene el mismo trato con el clero que su antecesor, Martín Estrada, vinculado a la derecha católica y que decidió irse este año en plena ebullición abortista. 

Los prelados bonaerenses son los más activos en la puja con Cambiemos, y si bien hay concepciones diferentes entre Macri y Vidal acerca de la Iglesia, desde ésta no hacen distingos a la hora de las críticas. Pese a venir del colegio Cardenal Newman, 
el Presidente tiene una creencia liberal respecto del clero. Distinta es la opinión de la Gobernadora, quien hasta se animó al pañuelo celeste y hace denodados esfuerzos por recomponer la relación.

Vidal evita intermediarios para hablar con la cúpula clerical: “Tucho” Fernández y Oscar Ojea son los habituales interlocutores. Pero la Iglesia no hace diferencias a la hora de los cuestionamientos, e incluso puertas adentro los prelados son duros con ella. En los obispados afirman que “debiera tener una sensibilidad social mayor”. 

El mismo sayo le cabe a Carolina Stanley. A las dos les piden más por formar parte (una antes y otra ahora) del área social del PRO.

En la Casa Rosada sospechan que en el encuentro de la Gobernadora y Stanley con el Papa en junio hubo momentos de tensión a partir de las quejas del Sumo Pontífice, y que por ello, la mandataria mantuvo siempre en secreto lo hablado en aquel encuentro. En la Provincia, sólo dicen que Fran-cisco pidió absoluta reserva. Curiosamente, lo poco que se sabe sale de la propia Iglesia, desde donde se afirma que el pedido fue de mayor acción en el área social.

Al regreso de Roma, Vidal anunció un par de medidas tendientes a la contención social y se fotografió con el pañuelo celeste en la homilía del 9 de julio. Pero esas acciones no fueron suficientes para contener las críticas de monseñor Ojea dirigidas hacia ella y a la mencionada ministra al abrir la semana social en Mar del Plata. Allí comprendieron, en Provincia y en Nación, que algunos gestos no alcanzaban para frenar la embestida eclesiástica. 

El Vaticano empuja una coalición “antiliberal” para que Macri no siga más allá de 2019, y no toma como opción a algún otro miembro de Cambiemos. 

La oposición deberá responder si está a la altura de esa exigencia. Mientras tanto, los obispos horadan con sus críticas y el Gobierno apela a desprestigiar a la Iglesia. La sociedad asiste a un round casi continuo de golpes, algunos al mentón y otros a la zona baja. 


Jorge Triaca, con pasaje a Italia

Jorge Triaca acaba de anunciar que antes de fin de año dejará la Secretaría de Trabajo de la Nación (ex Ministerio de Trabajo), puesto que ocupa desde la asunción de Macri. Pero no se quedaría sin cargo. El destino de Triaca sería Roma, y mientras todos especulan con que su oficina estará en la embajada argentina en el Vaticano, bien podría derivar en otra silla muy cercana de ahí.

La duda surge porque la relación del Papa Francisco con el actual embajador en la Santa Sede, Rogelio Pfirter, no atraviesa por dificultades. Pfirter es un diplomático de carrera que fue alumno de Jorge Bergoglio en el colegio Inmaculada Concepción de Santa Fe. Pero con quien no hay demasiado feeling es con el embajador argentino en Roma, Tomás Ferrari.

Ferrari, quien se lanzó a la carrera diplomática luego de ser un cercano colaborador de Domingo Cavallo, es considerado padrino político de Marcos Peña, quien, de esta manera, tiene un monitoreo cercano de lo que pasa en el Vaticano sin tener que recurrir a Pfirter.

En cuanto a Triaca, es dable mencionar que el Papa Francisco le tiene afecto personal, devenido de la relación con su familia. Bergoglio conoce al funcionario nacional de muy chico, por la amistad con Jorge Triaca padre y su esposa, Adriana, una devota religiosa.


Un enviado a la contracumbre del G-20

El expárroco en la iglesia San Isidro Labrador de Saavedra, Marcelo Sánchez Sorondo, uno de los hombres influyentes del Vaticano, dejó en claro cuál es el rol de Gustavo Vera. “El Gobierno necesita una oposición honesta. El Gobierno debería estar contento con Vera”, dijo en una entrevista que le concedió a Clarín en 2017.

Sánchez Sorondo será el enviado del Vaticano a la anticumbre del G-20, que es organizada por CLACSO en el estadio de Ferro y tendrá en el auditorio, entre otros, a Cristina Fernández, Dilma Rousseff y José “Pepe” Mujica. Para la Iglesia actual, el G-20 está vinculado al negocio del petróleo y las finanzas, lo diametralmente opuesto a lo que propone la encíclica Laudato Si del Papa Francisco.


“Los obispos van a estar cerca de las necesidades de los pobres”

En medio de la tensa relación entre la Iglesia y el Gobierno, la Conferencia Episcopal anunció que la comunidad católica dejaría de percibir, de manera paulatina, fondos del Estado. Según expresó a La Tecla el padre Máximo Jurcinovic, secretario del organismo que nuclea a los obispos, el proceso se inició durante el mes de abril con un diálogo permanente con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el secretario de Culto, Alfredo Miguel Abriani.

“Se determinó comenzar a caminar de forma gradual hacia la renuncia de tres aspectos: la asignación que reciben los obispados, las becas para los seminaristas y los subsidios para las parroquias de frontera”, indicó. En este sentido, el padre Máximo negó que la decisión se haya tomado a partir de las críticas hacia la política social del Gobierno.

“Es un nuevo paradigma del sostenimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, para fortalecer el compromiso de los fieles y poder responder a esta etapa de la cultura”, apuntó el miembro de la comisión de Comunicación Social de la Conferencia.

Y añadió: “Los canales de comunicación entre la Iglesia y el Gobierno son los adecuados, donde se trabajan las cuestiones de manera conjunta. No lo tomaría como crítica, sino que los obispos tienen una mirada pastoral de la situación de los pobres, que la acompañan y la manifiestan. Los obispos, co-mo pastores, reflexionan sobre lo social, y en eso van a estar cerca de las necesidades de los pobres”.


“Todos tienen derecho a criticarnos y a opinar lo que cada uno quiera”

Además de ser ministro de Gobierno, Joaquín de la Torre mantiene con la Iglesia Católica un estrecho vínculo, que, aparte de ser educacional, es familiar: su primo Nicolás Baisi es uno de los miembros del Arzobispado platense.

En este sentido, el funcionario aseguró que la relación entre la Provincia y la Iglesia es buena, y que trabajan “codo a codo” en materia social. Respecto de las críticas dijo a La Tecla que “malos podríamos ser nosotros si nos enojáramos porque alguien nos critica, y no entenderíamos cuál sería el rol o la función de las personas, la democracia y cómo funciona la República”.

Agregó que “todos tienen el derecho a criticarnos y a opinar lo que cada uno quiera. Nuestra obligación es la de escucharlos atentamente y, después, hacer el análisis de lo que si dicen es correcto o no. No necesariamente lo que dicen tiene que ser compartido por nosotros”.

En cuanto a la multitudinaria misa en Luján con diversos dirigentes peronistas, De la Torre señaló: “El Señor no vino a esta tierra a querer que la Iglesia esté llena de hombres justos y santos, sino para estar junto a todos”. Y añadió: “Si hubo o no intencionalidad política, si eso fue feliz o no, lo tendrán que analizar los obispos de la Iglesia, y verán de hacer una autocrítica. Desde mi punto de vista celebro que las personas se acerquen a la Iglesia a 
reflexionar en un contexto que no es fácil, ni sencillo”.


El divorcio definitivo entre la Iglesia Católica y el Estado

Durante la última Asamblea Plenaria, la Conferencia Episcopal Argentina confirmó que dejará de percibir fondos del Estado nacional. Según anunciaron, la quita de subsidios se realizará de ma-nera gradual, hasta llegar a un esquema de autofinanciamiento, sustentado por la comunidad eclesiástica, tal como sucede con el resto de las religiones en nuestro país.

“El momento reclama que vayamos por ese lado, entendiendo muy bien lo que significa un Estado laico, que no es lo mismo que un Estado laicista. Un Estado laico reconoce la independencia pero acepta que hay distintas religiones en su territorio”, señaló a La Tecla monseñor Gabriel Mestre, obispo de la Diócesis de Mar del Plata. 

Para el año que viene, el Presupuesto nacional para la Iglesia estaba previsto en 126 millones de pesos, pero la intención de la administración de Mauricio Macri no es cortar de raíz esta subvención, sino que se la ajustará de forma paulatina, de acuerdo a las necesidades que marque la Iglesia. 

En marzo de este año, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, reveló que los obispos diocesanos y los administradores apostólicos y diocesanos perciben $46.800 por mes, mientras que los obispos auxiliares y los eméritos reciben $40.950 mensuales. 

Para 2018, el Gobierno nacional estableció un Presupuesto de 130 millones de pesos para solventar a la Iglesia Católica, es decir que en relación con lo previsto para el año que viene sufrirá un recorte de 4 millones de pesos. 


Diferentes veredas, pero ahora, en el mismo camino

Las diferencias entre el Gobierno y la Iglesia han logrado, incluso, que posiciones disímiles en el clero encuentren puntos políticos en común. Es el caso de Agustín Radrizzani, a cargo de la arquidiócesis de Mercedes-Luján, quien no es de los más cercanos al Papa Francisco, pero juega fuerte políticamente. Durante el mandato de Cristina Kirchner, cuando Bergoglio era el rival, Radrizzani fue uno de los hombres de la Iglesia más cercanos al Gobierno K.
 
Su último gesto político fue contundente. La misa en Luján con Hugo Moyano y líderes sindicales y del peronismo ofuscó a Cambiemos, que salió a cuestionar de inmediato al Pontífice. Aunque Radrizzani despegó as Francisco de la celebración, el obispo de Luján tuvo gestos de aprobación en el Vaticano. “Es obvio que el Papa sabía de la misa”, se encargaron de distribuir voceros satelitales de la Iglesia y del peronismo, mientras otros hacían esfuerzo por negarlo.

La misa dividió aguas dentro del clero, sobre todo entre Radrizzani y el obispo de San Isidro, Oscar Ojea, quien entendió que el de Luján se cortó solo. Aunque Ojea también recibió a Moyano en momentos en que su hijo Pablo tenía pedido de detención por parte del fiscal Sebastián Scalera, que luego el juez Luis Carzoglio denegó. Aquella misa en Luján dividió aguas adentro de la Iglesia, a la vez que potenció las diferencias entre la cúpula católica y el Gobierno.


La sospecha que genera en el clero el acercamiento con los evangelistas

La Iglesia Católica mira con recelo el acercamiento que distintos dirigentes del Gobierno tienen con las iglesias evangélicas. Las miradas apuntan sobre todo a la gobernadora María Eugenia Vidal y a la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley. Sospechan en el clero que desde Cambiemos empujan el acercamiento de los evangelistas a la política, con una doble vía posible. Por un lado llevar pastores en las listas del oficialismo, sobre todo en los municipios. Por el otro, que, como en Brasil, las iglesias conformen partidos políticos, y colar en ellos a dirigentes de Cambiemos.
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