Estudiantes se quedó con las ganas de sumar su séptima copa internacional. La Liga de Quito fue un rival muy duro, que dejó en claro que es uno de los mejores del continente y sumó su cuarto trofeo sudamericano en dos años.
El 2-1 conseguido en la ida de la Recopa fue determinante en la final. Anoche fue 0-0 en la cancha de Quilmes y le alcanzó al equipo ecuatoriano para retener la corona. En 2008, alcanzó la gloria en la Libertadores (ante Fluminense) y el año pasado metió doblete con Sudamericana (ante Inter de Porto Alegre) y Recopa (otra vez contra el Flu).
Los primeros 45 minutos entregaron una rareza, porque el Pincha ganó el "ping pong" de llegadas, pero a la vez fue dominado por su rival durante varios pasajes.
La visita tuvo la primera clara con la conexión Hernán Barcos-Carlos Luna y un cabezazo del ex Tigre que se fue muy cerca. Fue un aviso.
Desde hasta la media hora fue todo de Liga. Se quedó con la batalla del medio con una gran tarea del tridente Patricio Urrutia-William Araujo-Ulises De la Cruz, que controló y superó a la rendidora sociedad Juan Sebastián Verón-Rodrigo Braña.
Un remate de Leandro Benítez desde afuera del área despertó al equipo de Alejandro Sabella, que a partir de ahí mostró su mejor versión. No descolló, pero pisó el área y forzó un par de córners.
Así llegaron un cabezazo de Federico Fernández y antes, un disparo de Braña por un tiro indirecto en el área grande, por un error del veterano José Cevallos.
En los últimos 15 de la etapa inicial, Estudiantes mejoró su imagen y por eso sus hinchas esperaron tranquilos durante el cuarto de hora del entretiempo.
El buen momento del local se extendió a la vuelta de los vestuarios, porque Leandro González casi marca el primero a los 2. Centro de Benítez, el ex Olimpo definió suave y la pelota dio en el travesaño.
Sin embargo, con el correr de los minutos el Pincha perdió continuidad, la Liga emparejó en el medio y el local volvió a depender de un centro salvador para abrir el partido.
Y ante ese panorama, el partido se hizo muy aburrido. Estudiantes, sin poder encontrar la manera de perforar esas dos líneas (cinco volantes y tres defensores) que le complicaron la vida. La Liga, más que conforme con su arco en cero y la mirada clavada en el reloj.
A los 25 arrancó el "movete Pincha movete, movete dejá de joder....hoy no podemos perder". Los jugadores lo sintieron y fueron al frente, pero las ideas no aparecieron. Ni Carlos Auzqui, ni el gigante Juan Pablo Pereyra aportaron soluciones y hasta la Brujita Verón estuvo impreciso con su fenomenal pegada.
Enfrente, una solidez asombrosa. Al límite con los tiempos, porque Cevallos y algunos compañeros se quedaron a vivir ante la mínima falta, pero no hay equipo en el mundo que no caiga en esa tentación de dejar pasar los segundos. Así, llegó el pitazo final de Simón, la Liga gritó campeón y el Pincha se quedó con las ganas.
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