
La Argentina de unos años a esta parte, sobre todo después del descontrol y el hundimiento que significó la década del ’90, se ha convertido en un país donde no se debaten ideas y propuestas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, sino que se basa en quién dice el insulto más fuerte y agraviante hacia el otro candidato.
Las ideas parecen haber quedado afuera del discurso político, que como nunca antes en nuestro país se ha convertido en un discurso vacío de contenido. Esta situación ha llevado a que la palabra de los políticos haya perdido el consenso y el respeto de la sociedad, y se los catalogue a todos por igual, sin diferenciar a uno de otro.
La incapacidad de ver a su alrededor que llevó al gobierno nacional a chocar contra un paredón una y mil veces en el conflicto con el sector agropecuario, parece estar esta vez repitiéndose en las medidas que lleva adelante para impedir la profundización de la crisis financiera en nuestro país. En vez de mostrar una apertura de criterio y estar abierto a todas las ideas nuevas que sirvan para solucionar tan complicado panorama que se le presenta a la Argentina , el oficialismo se encierra en cuatro paredes, escuchando el matrimonio presidencial, en especial el santacruceño, sólo la voz de su conciencia y la de algún que otro colaborador cercano.
Hemos visto como la semana política comenzó con la seguridad del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, de que el pedido para que se trate el Juicio político contra su persona iba a marchar por camino seguro, pero la realidad mostró que la jugada del macrismo para desligar al ex presidente de Boca del caso de las escuchas ilegales, terminó en un rotundo fracaso, por la negativa de los sectores opositores a sentarse a convalidar dicha iniciativa.
Al no salirle bien su jugada, el macrismo se ve debilitado ante la sociedad, ya que muestra la debilidad que tiene en la Legislatura porteña, donde a pesar de contar con la primera minoría no cuenta con el poder suficiente para conseguir diálogos y consensos que le permitan hacer viable sus movimientos de cara a conseguir la exoneración de su jefe político en dicha causa.
A todo esto, se le sumaron las declaraciones del ex presidente Eduardo Duhalde defendiendo la particular situación que vive el jefe de gobierno porteño, aduciendo que éste no era el responsable político de lo que sucedía por el tema de las escuchas ilegales y que todo se debía a las diferencias políticas que mantiene el gobierno nacional con Macri.
Pero sí hay algo que dejó claro el caudillo bonaerense y es que Macri puede llegar a un acuerdo político con el Peronismo Federal, pero que sería imposible que el peronismo disidente pueda aceptar a un hombre que no viene del peronismo como candidato a presidente, por lo que le ha advertido al líder del PRO a través de distintos emisarios que si quiere participar en un espacio conjunto, tendría que militar dentro del peronismo como paso previo para aceptar su candidatura al interior del mismo.
Por el otro lado tenemos al resto de la oposición no peronista totalmente dividida y con tantos candidatos que lo único que se logra es espantar a buena parte del electorado que no confía en los métodos de algunos partidos, que intentan quedarse con la consideración de buena parte del electorado no kirchnerista, que según las últimas elecciones es casi el 70 por ciento, por lo que la permanencia en el poder por parte del matrimonio presidencial parece una posibilidad no tan alejada del circuito político.
La titular de la Coalición Cívica , Elisa Carrió, salió con los pelos de punta a criticar a sus socios del Acuerdo Cívico y Social, por la posición complaciente que vienen teniendo algunos de ellos con el gobierno nacional, y nombró los casos de Ricardo Alfonsín, Hermes Binner y Margarita Stolbizer, con lo que levantó una polvareda interna dentro del armado opositor, que puede llegar a sacudir al ACyS de cara al futuro.
Rápido de reflejos, el diputado nacional e hijo del ex presidente Raúl Alfonsín, salió al cruce de las declaraciones de Carrió tratando de apaciguar las mismas, sobre todo después de que sus asesores le acercaran encuestas donde la chaqueña viene creciendo políticamente en las últimas semanas en el electorado más antikirchnerista de la Argentina , cosechando según los últimos sondeos entre un 8 y un 13 por ciento de intención de voto, lo que haría que en caso de irse del ACyS Carrió, las chances del armado opositor de lograr un triunfo en las elecciones generales serían menores que las que tiene hoy en día.
Los números que manejan dentro del sector que lidera el hijo del ex presidente, aseguran que sin el acompañamiento de Carrió, será muy difícil armar un frente opositor con fuerza de romper con la hegemonía kirchnerista, ya que la líder de la CC mantiene a un electorado cautivo que la va a votar vaya donde vaya, dividiendo a la oposición, con lo que aumentaría las posibilidades de que el kirchnerismo pueda triunfar en una primera vuelta.
A todo esto hay que sumarle los anuncios del miércoles pasado de parte de la presidenta Cristina Fernández, donde dio un aumento de las jubilaciones mínimas del 16,9% llevándola de $895,2 a $1.046,5, y de un 22,2% en la Asignación Universal por Hijo, llevándola de 180 a 220 pesos.
La confirmación del aumento a las jubilaciones se realizó en un marco de fuerte puja con la oposición, que impulsa en el Congreso un proyecto para llevar la jubilación mínima al 82% del salario mínimo. En el oficialismo tildan la iniciativa de “inaplicable” y en la oposición insisten en que el anuncio de Cristina fue el primer paso en esa dirección, que “la plata está” y que trabajarán para aplicar la modificación.
Pero si siguen los reclamos de los sectores trabajadores pidiendo un aumento del salario mínimo, vital y móvil a $2.000, y según fuentes del Palacio de Hacienda el gobierno podría establecerlo en una cifra cercana a los $1.850, este aumento que se da a los jubilados dejaría aún más lejano el reclamo del 82% móvil que piden las organizaciones en defensa de los intereses de los jubilados y los grupos opositores.
La clase dirigente suele decir que la política se ha divorciado de la sociedad, pero todavía no se ha hecho un mea culpa que sirva para devolver la confianza en la política, sino que por el contrario, lo que se hace es echarle la culpa a los medios de comunicación como los responsables del alejamiento de la sociedad con sus dirigentes.
El cambio político también debe empezar en la forma en llevar adelante las campañas electorales, ya que si las mismas se basan sólo en los agravios y las difamaciones hacia el contrincante circunstancial, los políticos argentinos seguirán sumergidos en la crisis de descreimiento hacia ellos que tiene la sociedad.