
De tres meses a esta parte, pareciera que el mundo K se ha revitalizado al son de las encuestas que manejan diariamente en Olivos, que dicen que le dan al matrimonio presidencial una imagen positiva cercana al 50 por ciento y con una intención de voto que hace soñar con retener el poder en el 2011 sin necesidad de ir a una segunda vuelta.
Esto ha hecho que el oficialismo, a través de todo su aparato propagandístico, salga a ventilar los números de estos sondeos como un nuevo triunfo del matrimonio presidencial hacia la oposición y de esa manera poder posicionarse de cara a las elecciones del año que viene como la única opción de cambio ante la sociedad.
El último trabajo que el kirchnerismo da a conocer con bombos y platillos es el efectuado por la consultora Ipsos-Mora y Araujo, que le da a Néstor y Cristina Kirchner una aprobación del 42%, los mejores números que tiene la pareja presidencial desde la llegada de la Jefa de Estado al poder allá por diciembre del 2007.
Además, se hace hincapié en que luego de la puesta en marcha de la Asignación Universal por Hijo, el gobierno ha disminuido su imagen negativa en la sociedad, que en estos momentos es del 55%, muy lejano de aquel 78% que tenía Cristina luego de la caída de la Resolución 125 en el Senado de la Nación tras el voto “no positivo” de Julio Cobos.
Otra de las encuestas que se suele mirar con ojos buenos desde Olivos, es la efectuado a principios de Julio por Artemio López de la consultora Equis, el encuestador por excelencia del kirchnerismo, quien en el ámbito de la Capital Federal lo da al patagónico como el dirigente con mayor intención de voto de cara a las próximas elecciones. Según este trabajo Néstor Kirchner consigue el 20,1% de preferencias del electorado porteño, seguido por el jefe de gobierno Mauricio Macri con el 11,1%, el radical Ricardo Alfonsín con el 11,0%, y el diputado nacional de Proyecto Sur, Fernando “Pino” Solanas con el 10,2%.
El otro sondeo que se suele manejar por estas horas en el seno íntimo del matrimonio presidencial, es el realizado por la consultora Opinión Pública, Servicios y Mercados (OPSM), dirigida por Enrique Zuleta Puceiro, quien en un trabajo realizado a nivel nacional le da a la presidenta Cristina Fernández una imagen positiva del 34,3%, creciendo ocho puntos respecto a mismo mes del año pasado, con una negativa del 23,9% (bajando 10 puntos), y una regular del 41,8%.
Otro de los datos positivos de este trabajo que el gobierno resalta es en cuanto al punto de la evaluación de la situación a nivel nacional, que muestra un crecimiento anual de 8 puntos porcentuales, estando hoy en día en el 26,5%, y bajando la percepción negativa en nada menos que 15,5%, pasando del 41,5% en julio del 2009, al 26% de julio de este año.
Pero a pesar de estos datos alentadores, son pocos los dirigentes del Partido Justicialista que por estas horas creen realmente en estos números, sino que piensan que en muchas de sus provincias más que beneficiarse ellos con una lista conjunta con los candidatos nacionales del Frente para la Victoria , se perjudicarían por el alto nivel de rechazo que generan los miembros del matrimonio presidencial, sobre todo en las provincias donde el campo y el sector agropecuario es predominante.
Eso sucede por ejemplo en territorios como Entre Ríos, Córdoba, La Pampa y Santa Fe, donde distintos sectores del oficialismo están pidiendo por lo bajo que se desdoblen las elecciones, porque en caso de ir en una boleta conjunta, sus candidatos perderían puntos sustanciales en su intención de voto, lo que podría hacerles perder la elección provincial, generando un panorama de sosiego dentro de las filas peronistas.
Tal como destacó un destacado miembro del oficialismo entrerriano a esta agencia de noticias, “ir en la provincia en estos momentos con el apellido Kirchner arriba de la boleta sería un suicidio, ya que le dejaríamos la gobernación servida al radicalismo”. Es por eso que son numerosos los pedidos hacia el gobernador ultrakirchnerista Sergio Urribarri para que desdoble las elecciones en el territorio provincial, ya que aseguran que esa sería la única posibilidad certera de triunfo del peronismo en esas tierras, sino se va directo al fiasco electoral.
De la misma manera parecen situarse los dirigentes peronistas de otras regiones del país, que ven como una “dura mochila” llevar el apellido K en las listas del Frente para la Victoria , y piden a gritos para que sea el propio patagónico el que cambie su posición respecto a este tema, porque sino conduciría al espacio político que él conduce a una dura derrota electoral en los centros más importantes de la Argentina.
Números que alegran a la Casa Rosada y que logran envalentonar al ex presidente Néstor Kirchner en sus deseos de volver a ocupar el sillón de Rivadavia y abren la esperanza sureña de estar en lo más alto del poder hasta el 2015, aunque para muchos en el interior del país el apellido Kirchner sea difícil de digerir y anuncien una batalla por demás complicada para los deseos del matrimonio presidencial.