
Cuando Mauricio Macri decidió participar activamente en política allá a comienzos del nuevo milenio, nunca pensó que las cosas serían tan difíciles para él y sus colaboradores más cercanos, ya que desde que asumió como jefe de gobierno porteño en el año 2007, no ha parado de estar mezclados en polémicas que tienen que ver más que nada con sus errores y desaciertos a la hora de gestionar.
Los problemas de gestión que ha mostrado el macrismo lo han llevado a distanciarse cada día más de la sociedad, y es así como en las elecciones legislativas del año pasado la candidata natural del PRO para pelear por la jefatura de gobierno el año que viene, Gabriela Michetti, redujo casi 30 puntos porcentuales los votos conseguidos por Macri en 2007, y se perfila como la candidata más votada para el año que viene, aunque apenas llegando al 25% de intención de voto según todos los sondeos realizados hasta el momento.
Al escándalo por la causa judicial de las escuchas ilegales a líderes opositores desde oficinas del gobierno porteño, se le suman las críticas a la Policía Metropolitana, la toma de colegios por parte de los estudiantes secundarios de la capital, el derrumbe del gimnasio de Villa Urquiza, el reclamo ambiental de los vecinos del barrio de Caballito, la falta de obras de infraestructura para los vecinos, que han hecho que la imagen del líder del PRO venga en franca caída en las últimas semanas.
En las últimas horas, la situación judicial de Macri se ha complicado en demasía, ya que ayer la Cámara Federal rechazó el recurso de la defensa del ex presidente de Boca para apelar en Casación el procesamiento en su contra por supuestamente integrar una asociación ilícita destinada a escuchar al dirigente de la AMIA Sergio Burstein y a su cuñado Daniel Leonardo.
Esta situación no hace más que mostrar la debilidad en la que está sumergido el macrismo hoy en día, y con un caso que estalla de implicancias políticas hacia los principales funcionarios del gobierno de la ciudad, y que pueden llegar a convertirse en el “Watergate” del jefe de gobierno porteño.
Este escándalo, dejó al descubierto todo un espíritu de espionaje que reinaba en el gobierno porteño, y del cual Macri todavía no ha podido despegarse, más allá de que haya querido echarle la culpa de todo ello a Palacios y a Chamorro, a pesar de que funcionarios tan directos a él, como Montenegro y Narodowski, estuvieran involucrados en el mismo por haber sido utilizadas oficinas de esos ministerios para realizar dichas maniobras delictivas.
Para colmo de males, el ex embajador de Israel en Argentina, Rafael Eldad, negó haber recomendado a Jorge Palacios para que asumiera la jefatura de la Policía Metropolitana, al asegurar ya que "ni conozco, ni sé quién es Palacios. Creo que debe haber una equivocación”, saliendo al cruce en forma inmediata el secretario general del Gobierno porteño, Marcos Peña, quién aseguró que Eldad había aprobado la designación de Palacios, y aseguró que durante su mandato como embajador, el comisario "fue invitado a Israel por el Gobierno de ese país", por lo que ambos se conocían.
A esta situación hay que sumarle la toma de colegios que vienen realizando los estudiantes secundarios desde hace más de 15 días en reclamo de mejoras edilicias y que han llevado al ministro de Educación de la ciudad, Esteban Bullrich, a no tener mejor idea que querer confeccionar listas “negras” con los estudiantes que toman las instalaciones educativas, evocando prácticas del pasado que ya nadie quiere volver a vivir en el país.
El derrumbe del gimnasio en el barrio de Villa Urquiza, sumado a los reclamos de los vecinos de Caballito por la construcción de edificios que perjudican al medio ambiente quitando espacios verdes para la ciudad, así como también la falta de infraestructura para la gran parte de los barrios porteños, ha llevado a un distanciamiento cada día más grande del jefe de gobierno de los reclamos de la sociedad, que pide soluciones urgentes a sus pedidos más urgentes.
A esto hay que adicionarle la complicada causa que lo involucra de soslayo en la muerte de un obrero por las obras de entubamiento en el Arroyo Maldonado. La Justicia había ordenado detener las obras que se estaban haciendo en este arroyo, pero las obras siguieron sin ningún tipo de control o inspecciones por parte del gobierno machista. Por estas ineficiencias el 8 de abril pasado, el buzo Rodrigo Ojeda hacía tareas de reparación en la cabeza de la máquina tuneladora a 30 metros de profundidad, murió a causa de un paro cardiorrespiratorio.
Según constató el periódico filokirchnerista Miradas al Sur, uno de los responsables de que se hagan las inspecciones para constatar que esté todo en orden es el director de obra Eduardo Samuel Cohen, un ex funcionario porteño que actuó durante la gestión de Aníbal Ibarra como director general de Instalaciones Eléctricas de la Ciudad. Cohen fue interpelado en reiteradas oportunidades por desconocer las denuncias que los vecinos hicieron ante la Defensoría del Pueblo y otros organismos por deficiencias técnicas en el boliche “El Reventón”, el local bailable que luego se llamó República Cromañón. El funcionario hizo caso omiso y nunca inspeccionó el lugar.
Otro hecho que pone el acento en la incapacidad que ha mostrado el macrismo para resolver los problemas de los vecinos, y que ha llevado a un virtual quiebre al interior del PRO, que amenaza con dividirse en varios pedazos, ya que la confianza en su líder ha quedado mermada luego de los sucesivos traspiés que ha mantenido a lo largo del último tiempo.
Es claro que esta situación no será menor en la carrera política de Mauricio Macri: es a todo o nada. Las puertas quedan abiertas, Macri con esto puede solidificarse como candidato a presidente o puede entrar en una debacle que, en el escenario más complejo, hasta aun lo deje con menos chances para seguir compitiendo en la ciudad.
Presente por demás complicado para Mauricio Macri en su relación con la sociedad y con los diferentes sectores que viven dentro del PRO, y que pueden llegar a ponerle palos en la rueda en los próximos pasos de una gestión que viene a los ponchazos y que lejos está de ser lo que se pensó en un principio, cuando Macri llegó a la función pública con aires renovadores y de cambio dentro de la política nacional.