
Idéntica acusación lanzó el hermano del segundo sospechoso, detenido por haber facilitado, presuntamente, el arma usada para matar a Cassandre Bouvier y Houria Moumni.
Lo extraño es que el arma utilizada para asesinar a Bouvier y Moumni nunca fue hallada por los investigadores. Eso impide asegurar que el segundo detenido, que fue indagado, haya tenido el arma homicida.
Tejeda, que vive en San Lorenzo y alquila caballos a los turistas que visitan la reserva natural de la quebrada, lanzó la grave acusación contra la policía en Radio Salta. "Querían que me haga cargo de las muertes de las francesas", dijo. Afirmó que fue apremiado de tal forma que defecó en sus pantalones y detalló que una vez detenido, fue golpeado por al menos una decena de policías salteños. "Quisieron agarrar a un perejil", definió.
La hija de Canaro reafirmó las denuncias de su padre, en un diálogo con LA NACION en el que pidió que su nombre no sea revelado: "Llegó incluso a defecarse ante la brutalidad de la golpiza que le dieron para que se declarara culpable".
La adolescente, de 15 años, reveló que la policía retuvo el celular de su padre, quien aseguró que demandará a la Brigada de Investigaciones de la policía salteña por los apremios que sufrió.
La idea de que la policía local, urgida por conseguir rápidamente resultados en la investigación, ha intentado doblegar a sospechosos idóneos a fuerza de golpes se vio reforzada por la denuncia de Nelson Vilte, hermano de Daniel, el hombre que, al cierre de esta edición, continuaba detenido.
Dos testigos lo acusaron de haber intentado vender o deshacerse con celeridad de un arma calibre 22, el mismo calibre que fue usado para ultimar a las turistas francesas.
En declaraciones recogidas por el portal de noticias Informate Salta, Vilte reveló que fue detenido y liberado anteayer, al igual que Tejeda.
"Me golpearon hasta el cansancio, me llevaron a un campo con una bolsa en la cabeza y cuando no obtuvieron nada que les sirviera para la causa me liberaron", sostuvo, y agregó que a "Canaro", que es vecino de su abuela, "le hicieron lo mismo y está muy asustado".
Al cierre de esta edición, el Poder Judicial provincial comunicó que ni Tejeda ni Vilte habían denunciado formalmente los eventuales apremios, como sí lo hicieron ante la prensa.
Ante LA NACION, el juez de la causa, Martín Pérez, respondió con un "no estoy al tanto de esa denuncia", cuando se le preguntó por los presuntos apremios contra Tejeda.
Dijo incluso que antes de ser indagado, y siguiendo el Código de Procedimiento Penal de la provincia, Tejeda fue revisado por médicos forenses y no se constataron lesiones.
El misterio del arma
Aún no se sabe si a Bouvier y a Moumni las mataron con un revólver o con un arma larga. Sí el calibre utilizado fue 22.
Pero está prácticamente descartado el uso de una pistola, por cuanto no aparecieron las vainas servidas en los rastrillajes. Fue, sin embargo, un arma lo que llevó a la detención del único detenido que hoy tiene el caso: Daniel Vilte, de 24 años, vecino del barrio Sanidad, al sudeste de esta ciudad.
Según dos testigos que hoy deberán ratificar o rectificar sus declaraciones, Vilte intentaba vender un revólver de ese calibre. Al momento de su detención, esa arma no fue hallada.
En su indagatoria, según fuentes judiciales, Vilte reconoció que un interesado lo había contactado para adquirir un revólver de ese calibre y que, tras hacer averiguaciones, había conseguido a alguien que se lo proveyera.
Ese interesado, dijo Vilte en su indagatoria, sería un salteño que vive y trabaja en Córdoba, quien no llegó a concretar la operación y luego desapareció sin dejar rastros.
El juez todavía no decidió la situación procesal del imputado, cuya liberación dependerá de lo que declaren los dos testigos citados para hoy.
El juez, a cargo de la investigación, ordenó que se le tomen muestras a Vilte para un futuro cotejo de material genético.
Ayer, a última hora de la tarde, los familiares de Bouvier, de 29 años, y de Moumni, de 23, llegaron a la ciudad judicial para comenzar los trámites de identificación de los cuerpos.
Aunque según fuentes con acceso al expediente, más que el apuro para repatriar sus restos a Francia, el desvelo de los padres de las turistas francesas asesinas en la Quebrada de San Lorenzo se centró en poder ver a sus hijas.
Se hicieron también gestiones consulares especiales para que el trámite en la morgue judicial fuera lo menos traumático posible, se acicalaran los cuerpos y se "cubrieran" de alguna forma las huellas cruentas de las autopsias.
Ese punto, en realidad, fue el más sensible de toda la jornada.
Para poder emprender el traslado, los familiares están obligados a permanecer al menos otros dos días en esta ciudad.